Cómo Conquistar a mi Mejor Amigo - Primer Acto: “Una receta para los problemas”



Desde que era pequeña, nunca he podido mantener amistades, niñas o niños, nunca pasé del simple trato cordial amistoso. Supongo que no soy alguien que nació para estar rodeada de gente.
Pero eso nunca me importó porque siempre lo tuve a él, mi mejor amigo y vecino desde que tengo uso de razón. Nosotros hacemos todo juntos, siempre fuimos a las mismas escuelas, incluso compartimos  vacaciones en varias ocasiones.
Aun así él es totalmente diferente a mí, es carismático, atlético, un tanto popular entre las chicas, y con muchos amigos, más de los que puedo contar.
-¿Es enserio Leo? – Pregunté fingiendo estar irritada - ¿No podemos caminar por un simple pasillo de la escuela, sin que alguien te salude?
- ¿Qué puedo decir? Sarah, mi público me ama – Bromeó, haciendo una cara muy tonta.
- Saboteas mi anonimato cada vez que alguien te saluda como si fueras un famoso ¿De dónde conoces tanta gente?
- ¡No conozco a todo el mundo! Algunos solo quieren felicitarme por mi último partido - ¿Olvidé mencionar que también es el mejor jugador del club de tennis? – Partido al cual, por cierto, tú no fuiste. Amiga traidora.
- ¿Hasta cuándo tendré que pedirte perdón? Sabes que ese día tenía mis clases de repostería.
- Excusas. Maldigo tu curso, que impide que pases tiempo conmigo los marte y viernes.
- ¿Estás haciendo puchero? – Pregunté divertida, él avises llega a ser tierno, justo cuando él iba a responder fuimos interrumpidos.
- Hola Leon, felicidades por tu último partido – Dijo una rubia teñida con exceso de maquillaje y voz chillona, mi teoría es que ella se cree que es Barbie o algo así.
Él solo hiso un gesto, estaba cansado de explicarle que su nombre no es “Leon”.
- Hola Luciana – Saludé yo también, ella me miro como si no se hubiera dado cuenta de mi presencia antes ¡Tan linda como siempre!
- ¡Oh! La enana de siempre ¿Acaso eres su mascota? – ¡Esperen un minuto! ¿Acaba de llamarme enana? ¿Y mascota? En ese momento recordé que tenía una lata con la mitad del líquido en mis manos, estaba dispuesta a tirárselo a la cara y arruinar su feo cabello, más bien mejorarlo; cuando el idiota a mi lado me detuvo quitándome la bebida.
- Más bien, yo soy quien la sigue a ella a todas partes.  – Dijo mientras tiraba a la basura mi lata medio llena. Antes de enojarme más, decidí irme y contar hasta diez, aunque eso no sirva para calmarme.  – ¡Esperame! Sarah.
- Ya veo – Comentó la oxigenada cuando Leo se apresuró a alcanzarme.
- Me debes una gaseosa – Le advertí.
- Ibas a meternos en problemas, si empiezas una pelea. Otra vez.
- Ella se lo buscó.
- Debes en cuando, puedes dejar que yo te defienda – Lo mire durante un momento, parece que no lo dijo en broma.
Una vez que salimos del edificio le quite mi mochila, la cual él siempre me lleva porque básicamente es mi esclavo ¡No es cierto! Me ayuda porque acabo recuperarme de una lesión en el hombro, y él exagera mucho.
- Bueno hoy tengo mi clase de repostería, así que tendrás que volver solo, mi príncipe, nos vemos.
- Adios, mi lady. No olvides lo de esta noche.
¿Cómo olvidarlo? Nunca nos perdemos un viernes de películas. Hoy veremos “Hotel Transilvania”, las películas infantiles son las mejores, por supuesto.

Seguí mi camino para tomar el transporte público
- ¿Sarah? – Mientras caminaba por la calle, una voz familiar me llamó, al dar la vuelta me encuentro con una bella rubia alta, con un elegante uniforme de una escuela privada - ¡Oh! ¡Eres tú! – Dijo sonriente.
- Hola Miriam – Mi saludo fue menos entusiasta, no es que ella me caiga mal, solo no soy de mostrar tan abiertamente mis sentimientos.
- Que coincidencia que nos encontremos aquí ¿Te diriges al curso? Vamos juntas.
- Claro – Miriam y yo vamos al mismo curso de repostería, ambas empezamos este año y nos llevamos muy bien desde entonces. Es la primer amiga que tengo en años, ya que por lo general creo que no les caigo muy bien a las chicas, o a los chicos.
- ¿Sabes qué vamos a preparar hoy?
- Creo que postres de masas quebradas.
- ¿Cuándo nos van a enseñar a hacer merengue? Quiero aprender a hacer un merengue suizo, lo he intentado unas 3 veces y siempre algo me sale mal.
- Yo sé prepararlo, si quieres te enseño la receta de mi abuela ¿Quieres venir a mi casa?
- ¿De verdad? Por supuesto, si no es problema.
- ¿Qué postre deberíamos preparar?
- Un lemon pai – Sugirió. Recordé que a Leo le fascina todo lo que tenga limón.
- Eso será.
Luego de dos horas de una educativa clase nos embarcamos a mi casa, o más bien departamento pero estoy acostumbrada a llamarlo casa.
-Hogar, dulce hogar – Dije una vez en el edificio - ¿Te importa si subimos por las escaleras? – le pregunte.
- No, está bien ¿El ascensor no funciona?
- No, es que los ascensores me causan un poco de claustrofobia. – Espero que no me pregunte más que eso, es muy vergonzoso admitirlo.
- ¿Este edificio es muy antiguo? – Dijo mirando a los alrededores, cambiando de tema, le agradecí en silencio.
- Sí, el mi departamento era de la hermana mayor de mi abuela.
- Ah ¿Se te ha aparecido el fantasma?
- ¡Claro que no!
Subimos las escalera charlando. Vivo en el tercer piso, por lo que Miriam llegó un poco cansada, a mí no me afecta, ya que las subo y bajo todos los días, pero puede ser dura para quien no está acostumbrado.
-Lo siento – Murmuré.
- Un poco de ejercicio siempre es bueno. – Respondió con optimismo, y vos agitada.
- Bueno esta es mi casa- Dije apuntando la puerta de mi departamento. Saque las llaves y abrí la puerta, cuando de la puerta de al lado salió alguien.
- ¡Justo iba a ver si ya llegaste! ¿Me cocinas algo?
- “Hola Sarah”, ¡Hola Leo! “¿Cómo te va?”, bien gracias por preguntar… ¿Crees que soy tu sirvienta o qué?
- Es que en mi casa no hay nadie, y nada para cocinar. Y hoy es la noche de películas así que…
- Te da flojera ir de compras – Aguante las ganas de reírme ¿Qué haría este chico sin mí? – Creo que hay un poco de pizza de ayer. – Entonces recordé a mi invitada. - ¡Oh! Lo siento. Emm… Miriam, Leo. Leo, Miriam.
- Un gusto – Dijo Leo un poco sorprendido.
- Igualmente – Respondió ella evadiendo su mirada, en ese momento no me llamó la atención pero creo que también se había ruborizado.
- Muy bien, listas las presentaciones. Pasen.
- ¿Puedo pasar al baño? – Preguntó la rubia.
- Claro, es esa puerta. – Dije indicando la puerta, que ella luego atravesó.
- ¿Quién es ella? – Preguntó mi amigo una vez que estuvimos solos.
- Una amiga de la escuela de gastronomía
- ¿Amiga?
- Sí, amiga.
- ¡No creí que viviría para ver esto! Mi pequeña está creciendo – Dijo limpiándose una lagrima inexistente.
- Cállate, tonto, y pásame la cacerola de ese estante. – Pude abrir la puerta de la lacena pero no había modo de que alcanzará la parte de arriba. Debido a mi escasa estatura siempre he tenido complejo con ello, por eso me enfade tanto cuando la Barbie falsa me llamó de esa forma.
- Toma, y ¿Dónde está mi pizza recalentada? – Preguntó dándome lo que le pedí, yo solo le señale la heladera y luego el microondas.
- Ya volví – Anunció innecesariamente mi amiga, claro que la vimos ¿Cómo no hacerlo? Se veía un poco diferente comparada con hace unos minutos, su cabello estaba suelto, sus labios de un rosa brillante, ojos delineados, y había desabrochado los primeros botones de su camisa.
La mire un momento, expectante ¿Qué estaba pasando en su mente?
“Ti, ti” Ambas miramos hacia Leo, estaba configurando el microondas. Observe  la reacción de Miriam, se veía desilusionada.


Fin del Primer Acto. ()